El otro día, leyendo el blog de un primo, acerca de tecnología e innovación empresarial, me quedé pensando en que a mí también me gustaría escribir. Compartir un poco de lo que sé, lo que he aprendido, lo que vivo y de lo que me doy cuenta y que, generalmente, guardo para mí mismo.

No sé cómo pasó, pero de repente me vino a la mente la novela palestina que estaba leyendo en ese momento y me puse a comparar divagando un buen rato sobre la diferencia entre las dos lecturas.

Por un lado, las noticias y mejores prácticas en negocios y desarrollo empresarial, y por el otro lado, las historias, personas, aromas, sabores, la imaginación y las emociones que se desatan.

Hace unos años dejé de leer novelas porque creía que leer acerca de tecnología, política y negocios me haría más culto, más astuto en la toma de decisiones y me ayudaría a crecer en mi profesión.

Leer novelas se me hacía pérdida de tiempo, por lo que decidí limitar mis decisiones en cuanto a lectura y me quedé sólo con libros y blogs con los temas antes mencionados, como Mashable, Cult of Mac, Harvard Business Review, la revista Entrepreneur, y la verdad me gustaba, me gustaba mucho.

Sin embargo, hace unos meses, al contarle a una amiga acerca de un viaje que hice a Jordania y Palestina decidió regalarme un libro que ella había leído acerca de la vida de una niña palestina durante la ocupación Israelí.

Saboreando el Cielo: Una Infancia Palestina, por: Ibtisam Barakat

Así es que después de años de no leer una novela, y conmocionado por mi viaje al Medio Oriente, con ganas de saber y conocer más de la cultura árabe, comencé a leer el libro. Desde el prólogo me cautivó, se trataba de una niña palestina de 8 años que vivía con su familia, su padre, madre y dos hermanos en los años 40’s.

Justo empieza cuando los israelís deciden ocupar territorio palestino y destierran a los habitantes de un sin fin de propiedades. La niña de 8 años narra su historia durante la guerra, su huida a Jordania, sus cambios de escuela, la pérdida de su casa, todo esto dentro del contexto político y cultural de la época y la región.

La novela no solamente me ayudó a comprender mejor el conflicto geopolítico de la zona, sino a sentir lo que aquella niña sentía.

De hecho, lo que muchos niños, y adultos sintieron, porque también narra las frustraciones de sus padres y demás parientes.  Me dejó tocar un pedacito de su propio dolor y su propio cielo, de su comida, su aroma y su miedo.

Y, ¿qué tiene que ver esto con este texto y con un blog de Desarrollo Humano al cual me estoy dirigiendo?

Una palabra: Conectar.

Estar en presente, sentir el cuerpo, sentir la mente, sentir los pensamientos sin dejarlos ir.

Empatizar con las sensaciones del otro, mirar con el corazón lo que el otro siente.

Podemos conectar con emociones, sentimientos, sensaciones, personas, culturas, corazones, cuerpos, amigos, familia, pareja, cuerpo, mente.

Al conectar con una novela me di cuenta de lo que estaba dejando atrás, centrando mi atención de forma exclusiva en  “business reads”.

Al conectar con la novela me conecté yo mismo a mis sentimientos y a mis sensaciones. Conecté con la vida, la muerte, la trascendencia.

Me permití viajar por mundos distantes y sentir en mi cuerpo sensaciones ajenas. Leyendo la novela reía, me enojaba, me dolía el estómago, tiraba el libro y lo levantaba, lloraba y me transportaba.

Me dio gusto el volver a sentir emociones en mi cuerpo y darme cuenta de lo que la novela me transmitía, de lo que aprendía, era como un viaje con mi propia imaginación.

Y ahora, cuando estoy desconectado, muy en la cabeza y no en el corazón, me pongo a leer, y no de negocios sino de seres humanos. 

Este libro me devolvió la energía y la alegría de la conexión.

La magia de la Literatura, un Arte que nos sensibiliza y nos lleva a hacer contacto con nuestra parte humana.

  

Por:

Said Malak Mian

Director Operativo




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